LA REVOLUCIÓN EN UNA CAJA
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LA REVOLUCIÓN EN UNA CAJA
No son Twitter ni Facebook los que están reinventando el planeta. Ochenta años después de que viera la luz la primera emisión comercial, la televisión sigue dominando nuestro mundo. Y debemos un aplauso a las legiones crecientes de teleadictos: es posible que, después de todo, esos culebrones indiquen el camino hacia el futuro.
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La televisión”, se lamentaba el escritor de ciencia-ficción Ray Bradbury en 1953, es “esa bestia insidiosa, esa Medusa que convierte en piedra a mil millones de personas cada noche y las hace quedarse absortas, esa sirena que llama y canta y promete tanto y, al final, da tan poco”. Bradbury no fue el único en indignarse: la televisión ha recibido tantas críticas como aplausos desde que comenzaron las primeras emisiones, en 1928. Sus detractores, desde los asqueados defensores de lo políticamente correcto hasta los indignados guerreros conservadores de la cultura, le echan la culpa de la mala salud, la ignorancia y la decadencia moral, entre otros males variados. Algunos van más allá: según una fatua reciente emitida en India, la televisión es “casi imposible de usar... sin pecado”. El año pasado, un destacado clérigo saudí dijo que era permisible matar a los ejecutivos de las emisoras de televisión por difundir la sedición y la inmoralidad....
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Que les manden algún
Que les manden algún programa tipo "Sálvame" o "Dec" a los indios y fijo que baja la natalidad. A ver quien se arriesga a que le salga un hijo como la Patiño o el Jorge Javier Vazquez.