DEBATE FP: AZNAR O ZAPATERO, ¿QUÉ POLÍTICA EXTERIOR?

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DEBATE FP: AZNAR O ZAPATERO, ¿QUÉ POLÍTICA EXTERIOR?
08 de junio de 2007

Si alguna vez hubo consenso sobre la política exterior de España, Aznar lo rompió al cambiar de rumbo. Zapatero, a su vez, ha vuelto a hacer virar el barco, algo no tan sorprendente, pues tales giros ocurren en muchos países como el propio Estados Unidos. FP edición española ha pedido a dos expertos en política internacional que debatan los pros y contras de estas opciones.


¿Quién ha hecho más daño a la posición de España?


Florentino Portero

En los primeros tiempos, como suele ser habitual en nuestros presidentes de Gobierno, José María Aznar mostró mucho más interés por la política interior. Fueron años en los que la diplomacia continuó trabajando como si González siguiera al frente. Poco a poco, el ex presidente popular entró en materia y el cambio se hizo patente en torno a tres ideas: situar a España en una posición internacional de primer orden, avanzando en el camino ya recorrido por Calvo-Sotelo y González; liberalización económica: apertura de mercados, libre competencia, reducción del intervencionismo estatal, fin de monopolios, entre otras medidas, y defensa de la democracia liberal y denuncia de las dictaduras.

Nunca antes de Aznar la España democrática había sido tan relevante e influyente. Fue la conjunción de influencia y programa liberal lo que provocó una fuerte reacción en la izquierda, que había dado por hecho que su política exterior era ya la política exterior española. De pronto, descubrió que era posible otra y con cotas de influencia inéditas. Comprendo que los socialistas no se sintieran cómodos con esa política, pero no podían esperar que el PP continuara la de ellos. El PP representa unos valores diferentes y desde ellos no es posible mantener la deferencia hacia Fidel Castro, el antiamericanismo o el pacifismo que caracteriza al PSOE de estos días.

Que Zapatero ha dañado la política exterior española parece evidente. La forma en que retiró las tropas de Irak –que no la retirada en sí–, el incumplimiento de sus promesas electorales y las declaraciones en Túnez mostraron al mundo dos cosas: los terroristas habían triunfado, logrando lo que buscaban con el 11-M, y España ya no era un socio fiable. En ese mismo momento el trabajo realizado por los Gobiernos Calvo-Sotelo, González y Aznar para “situar a España en el lugar que merece” se vino abajo. Los distintos ejercicios de “rendición preventiva” (Gibraltar, Marruecos, Niza, fondos europeos, crisis de las viñetas o Alianza de Civilizaciones) han confirmado que España es una nación débil que se pliega a las demandas ajenas a la primera de cambio. Se dijo que España volvía al “corazón de Europa”. No consta que Aznar lo abandonara, pero hoy es evidente que las relaciones con Francia y Alemania pasan por un muy mal momento y que nuestra influencia en Europa es muy limitada.


José Ignacio Torreblanca

El daño lo hizo Aznar, dilapidando en Irak un precioso capital internacional que no era sólo suyo, sino de todos los Gobiernos. Como todos los presidentes de la democracia, intentó mejorar la posición de España. Nada nuevo por ahí. Por otra parte, su liberalización económica era continuista: los socialistas privatizaron, liberalizaron y abrieron la economía al mundo tanto como los populares. Por último, “la defensa de la democracia liberal y denuncia de las dictaduras” sólo se aplicó a Cuba, y pronto se retrocedió al ver que los hoteleros españoles, liderados por el ministro de Exteriores, Abel Matutes, ponían el grito en el cielo. La renuncia a pedir la entrega de Pinochet, el silencio ante los excesos de Fujimori y los apretones de mano con Gaddafi, entre otras complacencias con regímenes de dudosas credenciales, prueban que esa política nunca existió. Salvo algo de retórica anticastrista, socavada por Fraga, es imposible situar la política de Aznar bajo el prisma de la promoción de la democracia y los derechos humanos (tampoco la de Zapatero; es la gran asignatura pendiente de nuestra democracia).

Lo cierto es que la España democrática había vuelto a la escena internacional tras décadas de aislamiento y de marginalización y se había ganado el respeto de la UE, de EE UU, de América Latina y del mundo árabe. El primer Aznar (1996-2000) fue continuista y acertó. El segundo (2000-2004) apostó todo a una sola carta y perdió. Ello obligó a Zapatero a reparar las relaciones con los principales socios europeos y a mejorar la imagen del país en el mundo iberoamericano y árabe. Lejos de perder fiabilidad, su política ha devuelto a España a una posición centrada en Europa, las relaciones con Rabat han mejorado y la Alianza de Civilizaciones ha devuelto al país la imagen de Estado dialogante que respeta los valores en los que se asienta el derecho internacional. España no es débil: hoy lo son EE UU y Reino Unido, sin poder ni legitimidad.



 

Aznar apostó por EE UU contra Europa; Zapatero, por Europa contra EE UU...

 


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