China gana y pierde Xinjiang
El gobierno chino puede acabar con unos disturbios, pero sus duras tácticas garantizan la prolongación de las tensiones étnicas.
Recientemente mil uigures chocaron con la policía en la ciudad de Urumqi, al oeste de China. Uno de los conflictos étnicos más sangrientos de los últimos años en el país.
La represión que llevó a cabo el Gobierno contra esta minoría musulmana de habla turca que lleva mucho tiempo oprimida por el poder de Pekín fue repugnante, brutal y breve. De la noche a la mañana se impuso el toque de queda. Se desplegó a miles de agentes de policía. El presidente chino, Hu Jintao, dejó la cumbre del G-8 para dedicarse a apagar fuegos en casa. Sin embargo, no todos los aspectos de las políticas chinas en relación con ésta y otras comunidades se caracterizan por esa precisión. ...
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