SOBRE LA NUEVA FICCIÓN

Suscripción
SOBRE LA NUEVA FICCIÓN
22 de marzo de 2010

Con respecto al artículo ‘La nueva ficción’ de Enric González (febrero/ marzo de 2010), aunque no he seguido con asiduidad ni excesivo interés las ficciones televisivas llegadas desde EE UU, considero que hay que tener mucho cuidado con utilizar el cine para ensalzarlas. Series como Los Soprano han sido elevadas hasta suntuosos altares, pero, claro, cuando uno ha admirado ficciones cinematográficas como las mejores de Scorsese (no la recientemente oscarizada, sino más bien obras cumbre del arte en movimiento, como Good fellas –Uno de los nuestros, en la versión española–), considera que la televisión bebe del cine y, sólo a veces, del bueno. Discrepo de los que observan mala salud en el séptimo arte. Si algo tengo claro es que se hacen varias obras maestras cada año y, lo que es realmente dramático o preocupante, buena parte del mejor cine no nos llega (el cine francés, cine amplio e interesantísimo del que sólo llegan chapuzas comerciales o llenasalas, por ejemplo). No vivimos tanto la edad de oro de la ficción cinematográfica televisiva como la edad de oro del nihilismo cultural. Al hablar del nivel shakespeariano de The Wire, Enric González ilustra, seguramente sin pretenderlo, el drama que he insinuado: The Wire es tan grande y admirada por muchos como Shakespeare semidesconocido y, sobre todo, no leído por muchísimos más. No tengo la impresión de que ciertas delicatessen televisivas profusamente admiradas gocen de dicho estatus porque un edificio cultural construido y aprehendido de manera coherente por los consumidores de arte (si el arte es consumible, que parece poco para él) haya permitido admirar sus innegables cualidades, sino que, fruto de un periodo temporal de límites más definidos de lo que pudiera parecer, se han creado las condiciones en las que una masa de espectadores se identifica con aquellas muestras de arte que comprende y disfruta de forma coyuntural. Es así como, explicándolo de forma algo más pedestre, podríamos decir que muchos seguidores de The Wire, que babean ante su admirada serie, se aburrirían soberanamente con el tal William. Son las contradicciones de la postmodernidad, qué le vamos a hacer; y digo vamos porque un servidor no es una excepción, faltaría más. ...

 


Este artículo está disponible sólo para suscriptores a FP. Aquí tiene un resumen, para su referencia.
Suscríbase para acceder a todos los artículos y disfrutar al completo de Foreign Policy en español.

Si usted es suscriptor de FP, le hemos enviado la información correspondiente a su Usuario y Contraseña. Si todavía no lo hubiera recibido, por favor, póngase en contacto con nosotros y se la facilitaremos inmediatamente: tel.: 91 154 82 83; suscripciones@fp-es.org

0
Aún no hay votos
Su voto: None

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Etiquetas HTML permitidas: <a> <em> <strong> <cite> <code> <ul> <ol> <li> <dl> <dt> <dd>
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

Más información sobre opciones de formato

CAPTCHA
Este texto permite evitar el envío de spam
Image CAPTCHA
Enter the characters shown in the image.