Tras dos décadas y miles de millones de euros empleados
en la lucha contra el sida, el mundo aún está muy lejos de poner
freno a la epidemia. El dinero que los gobiernos donantes desembolsan con tanto bombo no surtirá efecto mientras persista una imagen equivocada del
combate
contra la enfermedad.
"El mundo ya reconoce la gravedad de la crisis"
No. Por todo el planeta, los que militan en la lucha contra el sida llevan
años clamando por un aumento de la ayuda económica de los países
ricos que por fin ha empezado a llegar. En 2003 se gastó un total de
4.700 millones de dólares (unos 3.600 millones de euros al cambio actual)
en combatir la epidemia en los países pobres. La ONU promovió la
creación del Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis
y la Malaria, que en 2005 distribuirá entre 1.400 y 2.000 millones de
dólares. El Banco Mundial, por su parte, destina 1.000 millones de dólares
a la contención de la epidemia en África. Y George W. Bush anunció en
su discurso sobre el estado de la Unión de 2003 el lanzamiento de una
iniciativa a cinco años, con un presupuesto de 15.000 millones de dólares,
para reforzar la prevención y las ayudas a los huérfanos del
sida, así como hacer llegar los antirretrovirales a 14 de los países
más golpeados por la enfermedad.
Esa inversión hubiera bastado para contener la epidemia en 1996, pero
no es suficiente hoy. Con 4.700 millones de dólares se habrían
proporcionado los entonces novedosos antirretrovirales a la mayoría
de los enfermos y financiado campañas eficaces de prevención.
El sida podría ser ahora una enfermedad de escasa importancia y no una
catástrofe mundial. Esa inyección de capital hubiera permitido
ahorrar miles de millones de dólares y salvar decenas -tal vez
centenares- de millones de vidas. Pero la epidemia no ha remitido y el
gasto actual, aunque multiplica por 15 el de 1996, es insuficiente para revertir
su curso. El programa de Naciones Unidas sobre el VIH/sida (ONUSIDA) calcula
que el mundo en desarrollo necesitará 12.000 millones de dólares
sólo en 2005, sin contar los miles de millones necesarios para poner
en pie sistemas sanitarios operativos en decenas de países pobres.
"La falta de dinero es el mayor obstáculo
para vencer la epidemia"
Falso. En realidad, es la falta de personal. Actualmente, el principal obstáculo
en la lucha contra el sida en África, la región del mundo en
que los efectos de la epidemia han sido más devastadores, no es la escasez
de dinero, sino de personal: médicos, enfermeras, farmacéuticos,
orientadores o trabajadores formados. Sin ellos, África ni siquiera
puede hacer pruebas del sida o dar apoyo a los afectados, no digamos ya terapia
antirretroviral. No obstante, esa red de trabajadores sanitarios sólo
se puede establecer invirtiendo grandes sumas. En el hospital de Addis Abeba
(Etiopía), que atiende al grueso de los pacientes de sida con terapia
antirretroviral, hay dos médicos y dos enfermeras para unas 2.000 personas.
En EE UU, el mismo número de pacientes es atendido por unas quince enfermeras.
En Malaui hay una enfermera por cada 4.000 ciudadanos. En muchos países
no hay médicos fuera de las grandes ciudades y capitales de distrito.
Al acabar con las vidas del personal sanitario y llenar los hospitales, el
sida ha intensificado la crisis sanitaria de África, debilitando aún
más la atención a la salud.
Hay, no obstante, otra razón para la escasez de profesionales: la emigración
de decenas de miles de ellos. Los países ricos, que no desean gastar
mucho en hacer atractiva la práctica de la medicina en las zonas rurales
o en resolver la escasez de enfermeras, prefieren robar médicos y enfermeras
al África anglófona. Tres cuartas partes de los médicos
de Ghana emigran a países desarrollados como Gran Bretaña, Canadá,
Australia o EE UU en los 10 años siguientes a su licenciatura. Sólo
360 de los 1.200 facultativos formados en Zimbabue en los 90 seguían
ejerciendo la medicina allí en 2001. Este saqueo por parte de los mismos
países que afirman estar preocupados por el sida en los países
en desarrollo denota su falta de escrúpulos. The
South African Medical Journal debería incluir menos anuncios pregonando las delicias del ejercicio
de la medicina en la Canadá rural.
Los países africanos tienen que mejorar sustancialmente las condiciones
de trabajo de sus profesionales de la salud: ofrecer notables mejoras salariales
en todas las categorías, así como bonificaciones por el servicio
en las áreas rurales, dar cursillos de formación profesional
sobre el sida a miles de trabajadores del sector y contratar a decenas de miles
de empleados para los puestos clínicos y de gestión. Esta mejora
podría agotar por sí sola los recursos financieros que los países
ricos reúnen.
"Los pobres no siguen los tratamientos médicos"...
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