SALVAR ARABIA SAUDÍ

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SALVAR ARABIA SAUDÍ
Nota escrita para el HEREDERO SAUDÍ con el siguiente mensaje: URGENTE:Reformar Arabia Saudí sin entregarla a los extremistas. Para sobrevivir, la monarquía debe combatir a los activistas, tranquilizar al clero y dar a probar la democracia a la clase media.

A: Príncipe heredero Abdulá de Arabia Saudí

DE: F. Gregory Gause III

RE: Salvar el Reino

La combinación del 11-S, que motivó la subida de los precios del petróleo, y el reciente recrudecimiento de la violencia en Arabia Saudí, ha hecho que su sistema político cobre una especial importancia para el resto del mundo. Muchos observadores occidentales culpan a los colegios y mezquitas saudíes de generar el odio del mundo musulmán hacia Occidente, y pintan al Gobierno de su familia como inestable e impermeable a las reformas. Por supuesto, mucho de lo que se dice sobre usted fuera del Reino carece de fundamento o se exagera para provocar un efecto político. Pero la presión externa no desaparecerá. Éstas son algunas medidas que puede adoptar para apaciguar a sus críticos y fortalecer su régimen:

La batalla política: liberalizar con tiento
Su principal desafío es la seguridad. Incluso después de los ataques del 11-S, algunas personas de su Gobierno creían que usted no tenía un problema como el de Al Qaeda dentro de sus fronteras. Los mortíferos ataques de los últimos 15 meses en Arabia Saudí han demostrado que estaban equivocadas. Aplastar la violenta oposición islamista debe ser su absoluta prioridad en este momento.

Se ha embarcado en una política con dos vertientes, sólida desde el punto de vista conceptual pero que necesita retoques y una implementación más enérgica. La primera es el enfrentamiento armado contra sus opositores. Su oferta de amnistía limitada el pasado junio a los militantes islámicos es acertada, siempre y cuando constituya la última oportunidad para la rendición de los extremistas violentos, no una estratagema para negociar con ellos. Como demuestra la fuga de tres terroristas durante los sangrientos enfrentamientos de mayo en Jobar, sus fuerzas de seguridad exigen una atención inmediata. Si los extremistas tienen simpatizantes en las fuerzas de seguridad, elimínelos. Si la competencia y capacidad de vigilancia de los efectivos es el problema, encuentre otros mejor preparados. La segunda es la utilización del estamento religioso para deslegitimar el mensaje de Bin Laden defendido por sus adversarios. Esto ya ha dado frutos: el año pasado tres figuras religiosas destacadas retiraron las fetuas (decreto religioso obligatorio para los musulmanes) que habían dictado aprobando la violencia política. Pero aún debe adoptar ciertas medidas importantes para sobrevivir políticamente:

  • Ganar la batalla de las ideas. Desde hace mucho tiempo, el campo de batalla ideológico de Arabia Saudí ha virado hacia posturas radicales que sus defensores encubren tras el manto del islam. Necesita invertir esa tendencia. Algunas figuras próximas al clero juegan a dos bandas: se dicen leales a usted pero no hablan claro sobre la violencia contra los no musulmanes, especialmente contra los estadounidenses. Se hacen llamar "mediadores" entre el Gobierno y los extremistas, sugiriendo que hay un término medio. Usted sabe quiénes son esos jeques. Algunos de ellos ya han estado recluidos en sus cárceles. Si siguen anclados en esa postura, deberían volver.

Tal vez podrían incluso instalarse en las celdas ocupadas por ciertos potenciales aliados en la lucha intelectual. ¿Por qué están detenidos los organizadores de una petición de apoyo a una monarquía constitucional mientras se permiten incendiarias webs yihadistas? No tiene que aceptar todas las propuestas de los reformistas, pero sus voces pueden contribuir a frenar la ola yihadista, que ha provocado la violenta oposición a la que ahora debe hacer frente. Si un activista renuncia a la violencia y no defiende el derrocamiento de la monarquía, ¿por qué acallarle?

  • Resistir a la democratización total. Los observadores externos, algunos con buena intención y otros maquiavélicos, prescriben la liberalización política como el antídoto para su problema terrorista interno. No se fíe de ellos. Cualquier movimiento inmediato hacia un parlamento electo sería más negativo que positivo. Dado que sus recursos y su organización son superiores, los militantes islámicos obtendrían un excelente resultado en esas elecciones, lo que podría complicar su estrategia de seguridad. Además, las elecciones generan nerviosismo en la clase religiosa, y no sin razón. Los líderes religiosos de la corriente dominante saben que las elecciones acabarán con su monopolio sobre el discurso político legítimo en el Reino. Usted necesita que esos líderes desempeñen su papel en la lucha contra los extremistas, así que evite su distanciamiento en este asunto.

Aunque eluda la rápida democratización, debe prepararse, sin embargo, para una política más participativa en un futuro. Será de vital importancia tranquilizar a la clase media saudí asegurándole que sus deseos de mayor aperturismo no serán olvidados en el fragor de la batalla contra los violentos. Puede conseguirlo siguiendo adelante con las elecciones de los consejos municipales. Sólo se va a elegir a la mitad de sus componentes. Pero vaya más lejos. Anuncie su intención de dar un súbito giro hacia la elección de todos sus miembros. Conceda a esos consejos auténtico poder en cuestiones municipales y asígneles un verdadero presupuesto. Si los ideólogos islamistas los dominan, deje que sus componentes sepan lo que significa estar bajo el liderazgo de los extremistas. Pero sea cauto al establecer el sistema electoral. Haga que los distritos tengan un solo miembro, así se favorece la moderación pidiendo a los candidatos que atraigan a una mayoría de votantes.

  • Conceder al Consejo Consultivo mayor preponderancia. El rey Fahd creó el Consejo Consultivo en 1993 para que la opinión pública tuviese cabida en el proceso de toma de decisiones. Aunque sus miembros son designados, el Consejo representa a saudíes formados y con conciencia política. Deje que este Consejo se apunte algunas victorias públicas frente a los ministros del Gobierno y permita a sus miembros examinar un presupuesto del Gobierno pormenorizado. La cuestión económica es fundamental para la credibilidad de su Ejecutivo. Los ciudadanos necesitan saber qué destino se da al dinero público, especialmente a los beneficios inesperados de los últimos años. La falta de transparencia económica genera rumores sobre su Gobierno más críticos de lo que probablemente se merece. Dejar que el Consejo supervise el presupuesto complicará el trabajo de sus ministros, pero reforzará la credibilidad de esta importante institución representativa.

  • Fomentar la tolerancia religiosa. Arabia Saudí será siempre un Estado wahabí (de la rama más rigorista del islam), y el clero confiere una legitimidad crucial al papel político de su familia. Pero en las grandes urbes como Riad y en las regiones más alejadas de la capital debería permitir poco a poco una mayor expresión pública de las diferentes religiones y tradiciones culturales musulmanas presentes en su Reino. Dar cabida a los sufíes y a los chiíes en el debate nacional y permitir a estos últimos practicar sus ritos públicamente en la provincia oriental este año han sido unos primeros pasos muy positivos. La descentralización limitada provocada por las elecciones municipales podría también fomentar la tolerancia religiosa. Aunque convencer a los hombres religiosos del Reino no será tarea fácil, estas modestas medidas no tienen por qué poner en peligro ni la primacía de la clase dirigente a la hora de interpretar la "religión del Estado" ni sus beneficios extras por estar en el poder.

Más allá del petróleo: los imperativos económicos de mayor relevancia
Los elevados precios del petróleo de los últimos años han estimulado el crecimiento económico y han repuesto las reservas de dinero, pero este respiro temporal no debe llevar a la autocomplacencia. Siga fomentando la inversión privada, nacional y extranjera en varios sectores, sobre todo en los servicios, que podría crear más puestos de trabajo para los jóvenes saudíes desempleados. Dedique parte del excedente económico a proyectos de mejora de las decadentes infraestructuras del país, particularmente los sistemas eléctrico y de conducción del agua. Pero céntrese también en los siguientes desafíos, más amplios:

  • Reducir la tasa de natalidad. A largo plazo, el panorama económico del Reino es poco alentador. No tiene más que fijarse en la población creciente de su país, que pronto superará la capacidad de su Gobierno para dar respuesta a sus necesidades. El vecino Bahrein, cuyas reservas de petróleo están prácticamente agotadas, tiene en la actualidad una renta per cápita superior a la de Arabia Saudí. Usted ha fomentado el crecimiento de la población en los últimos 30 años, y el Reino cuenta con una de las tasas de natalidad más altas de la región. Ha llegado la hora de invertir la tendencia. Puede tomar nota de los numerosos y eficaces programas de planificación familiar de otros países musulmanes, como Egipto e Irán.


  • Reducir el número de trabajadores extranjeros. Su sociedad no tolerará indefinidamente el aumento del paro habiendo más de seis millones de trabajadores extranjeros dentro de sus fronteras. Afortunadamente, su inminente ingreso en la Organización Mundial del Comercio (OMC) le da la oportunidad de negociar "un magnífico acuerdo" respecto a la cuestión de los trabajadores extranjeros. Las reglas de la OMC expondrán a las industrias nacionales a una fortísima competencia y es posible que las instale en un clima más conciliador. A cambio de la cooperación del sector privado en la reducción del número de trabajadores extranjeros, usted podría ofrecer programas educativos con el fin de preparar mejor a los estudiantes saudíes para el mercado de trabajo. (Pero si los alicientes no funcionan, prepárese para exigir impuestos que aumenten el coste de los trabajadores extranjeros a los empresarios). Introduzca este programa con cautela para evitar la convulsión en el sector privado.
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