¿QUIÉN MATÓ A IRAK?
Artículos | Conflictos | Política exterior | Estados Unidos | Oriente Medio
Suscripción
Después de la invasión, se suponía que Estados Unidos iba a ayudar a Irak a convertirse en una democracia modelo. Pero lo único que consiguió la arrogancia de Paul Bremer y su equipo de ingenuos neocons fue contribuir a que el país
se transformara en el más peligroso del mundo.
Irak era un lugar en blanco y negro para los fieles servidores de la Administración Bush que se incorporaron al Gobierno de ocupación. Recluidos en la fortificada Zona Verde de Bagdad, pasaban más tiempo relacionándose con otros estadounidenses que con los iraquíes. Pese a ello, estaban convencidos de que sabían lo que más le convenía al país. El viejo Ejército iraquí era malo. Los líderes políticos en el exilio eran buenos. Los miembros del partido Baaz, por supuesto, estaban en la columna de los malos. Fuera de los muros de cinco metros y medio de la Zona Verde, los jefes militares norteamericanos veían un paisaje en tonos más sepia.
La relación entre los soldados y los civiles encargados de la reconstrucción se había deteriorado tras las operaciones militares de EE UU en Haití, Kosovo y Somalia, pero se suponía que Irak tenía que ser diferente. Debía ser una ocasión para establecer una buena cooperación entre ambos. Sin embargo, desde el principio, las políticas concebidas por la Autoridad Provisional de la Coalición (APC), alojada entre las paredes de mármol del Palacio Republicano de Sadam, no se plasmaron casi nunca sobre el terreno como esperaban su jefe, el embajador Paul Bremer III, y sus subordinados. El primer acto oficial de Bremer al llegar a Bagdad fue despedir a decenas de miles de miembros del Baaz de sus puestos en la Administración. ¿Pero qué ocurrió con los 15.000 profesores incluidos en ese número? ¿Y con los que ocupaban cargos en el Ministerio de Sanidad? ¿O con los cientos de viejos soldados designados miembros honorarios del partido después de años en los campos iraníes como prisioneros de guerra? ...
Este artículo está disponible sólo para suscriptores a FP. Aquí tiene un resumen, para su referencia.
Suscríbase para acceder a todos los artículos y disfrutar al completo de Foreign Policy en español.
Si usted es suscriptor de FP, le hemos enviado la información correspondiente a su Usuario y Contraseña. Si todavía no lo hubiera recibido, por favor, póngase en contacto con nosotros y se la facilitaremos inmediatamente: tel.: 91 154 82 83; suscripciones@fp-es.org
|