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Publicado en Foreign Policy Edición Española

ENAMORANDO AL MUNDO

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ENAMORANDO AL MUNDO
diciembre-enero 2006 [0]
Ibsen Martínez [0]

Las telenovelas han dado la vuelta al mundo y causan sensación no ya en España, sino también en Polonia, Rusia e Indonesia. ¿Su secreto? Tramas que mantienen a los más desfavorecidos pegados al televisor. Hoy, estas exportaciones latinas forman parte del panorama cultural global y hacen la competencia a los pesos pesados de Hollywood.

Era demasiado tarde para Marimar. Cuando descubrió que su padre, al que no conocía, le dejaba su inmensa fortuna, ya se había enamorado perdidamente de Sergio. Pero, por desgracia, las intenciones de su amado no eran buenas. Él la estaba utilizando para vengarse de su propia familia.

La telenovela mexicana Marimar mantuvo a millones de personas en todo el mundo pegadas al televisor y se convirtió en un fenómeno global. Se sabe que en Costa de Marfil las mezquitas llamaban temprano a la oración para que una población entusiasta del culebrón no se perdiera ni un solo capítulo. Cuando su protagonista, la cantante mexicana Thalía, visitó Filipinas, fue recibida por el presidente y por una multitud de seguidores que nada tenía que envidiar a la del Papa.

El éxito de Marimar no es ni mucho menos un hecho excepcional. Hoy, las noticias del impacto global de las telenovelas latinoamericanas se cuentan por cientos. En la Rusia poscomunista, la exitosa serie mexicana Los ricos también lloran se convirtió en el programa televisivo de mayor audiencia del país; aproximadamente, el 70% de la población rusa, más de cien millones de personas, lo veía con frecuencia. Las estrellas de los culebrones latinoamericanos suelen congregar multitudes en los aeropuertos de lugares tan distantes como Polonia, Indonesia o Líbano. En la Bosnia de posguerra, los diplomáticos estadounidenses intervinieron para conseguir que la telenovela Kassandra siguiera emitiéndose en medio de un tira y afloja entre las facciones serbias y bosnias por el control de los medios de comunicación. Y en Estados Unidos, este género se ha convertido en el más vendido en las cadenas de televisión de habla española, que han superado a las de lengua inglesa en algunos mercados importantes, como los de Miami y Los Ángeles.

Para bien o para mal, estos programas han logrado situarse en un lugar destacado del mercado cultural mundial, y su éxito es el ejemplo de una de las puertas traseras de la globalización. Para aquellos que se resisten a que Hollywood o la industria televisiva estadounidense dominen y definan la mundialización, el fenómeno de las telenovelas es un signo de que todavía hay sitio para lo inesperado. Ciertamente, el éxito de los culebrones suele considerarse como un ejemplo del imperialismo cultural invertido o, como un intelectual lo denominó memorablemente, "la venganza de Moctezuma".

Pero la historia no acaba aquí. Las telenovelas han surcado las corrientes de la globalización hasta alcanzar éxitos insospechados. Ahora, están experimentando las complicaciones que trae consigo el hecho de formar parte del panorama cultural. Han generado imitadores locales, ansiosos por poner una cara conocida a guiones muy estudiados. Y su éxito está ejerciendo un gran poder de atracción en algunas de las empresas de la industria audiovisual más grandes del mundo.

Hecho en casa: El auténtico Rodrigo Leal (Antena 3) busca su sitio en la parrilla.
Hecho en casa: El auténtico Rodrigo Leal (Antena 3) busca su sitio en la parrilla.


TABACO Y PASTA DE DIENTES
Es irónico que la cuna de las telenovelas, una de las exportaciones latinoamericanas de mayor éxito, fuera la que hoy es la sociedad más cerrada: Cuba. Pero la verdad es que la pequeña isla desempeñó un papel fundamental en el lanzamiento del género. A finales del siglo XIX, Cuba era todavía una colonia española y los puros eran un artículo de exportación lucrativo. Los incipientes gremios que los fabricaban lograron mejorar enormemente las condiciones de trabajo creando un nuevo empleo, el de lector de tabaco: un trabajador con dotes interpretativas que narraba, desde un estrado en la fábrica, novelas por capítulos durante las tediosas horas en que los trabajadores rellenaban, enrollaban y daban forma a los habanos. Casi todos los libros eran traducciones al español de novelas del realismo social europeo: Los miserables, de Víctor Hugo; Papá Goriot, de Honoré de Balzac, e Historia de dos ciudades, de Charles Dickens.

           
Para aquellos que se resisten a que Hollywood domine y defina la globalización, la telenovela es un signo de que todavía hay sitio para lo inesperado
           

Con la llegada de la era radiofónica, los melodramas por capítulos no tardaron en ser radiados y pasaron a conocerse con el nombre de culebrones, en alusión a su costumbre de prolongarse por tiempo indefinido cuando lograban una nutrida audiencia. Sólo era cuestión de tiempo que las "radionovelas" trascendieran al reino de lo visual.

Cuando Fidel Castro irrumpió en el poder en 1959, muchos productores, directores, actores y escritores cubanos se dispersaron por Argentina, Brasil, Colombia, México, Venezuela y otras partes de América Latina. Fue un periodo de mucha actividad cultural en toda la región. "En los años 50 y 60 hubo mucho movimiento de personas y guiones por toda Latinoamérica", señala Joseph Straubhaar, un profesor de Comunicación de la Universidad de Texas (EE UU).



'Culebrón' en vez de siesta. Ana Mangas [0]

Estilo ranchero: protagonistas de Pasión de Gavilanes
Estilo ranchero: protagonistas de Pasión de Gavilanes

Que tire la primera piedra aquel que nunca ha visto una telenovela, ni siquiera Cristal. Este producto audiovisual no goza de buena fama en España, se considera de mala calidad y destinado a telespectadores de nivel cultural bajo-medio. Los españoles se jactan de no verlas, pero este género logra a menudo altos índices de audiencia. Algo no encaja.

Hoy triunfan, mañana pasan de puntillas por la parrilla. Éste es el sino de la telenovela en España, puesto que los telespectadores alternan periodos de adicción con otros de aborrecimiento hacia estas historias de personajes exagerados hasta la saciedad. El género ha pasado malas rachas, pero ha logrado mantener su hueco en las cadenas públicas y en alguna privada, tanto con producciones latinas como con culebrones a la española (Amar en tiempos revueltos, El auténtico Rodrigo Leal…) que han proliferado en los últimos tiempos y que se resisten a dejar de ser la reina de la sobremesa.

¿Cuál es la receta para que una telenovela abra el apetito de los españoles? Si a los ingredientes básicos del género se le añade un "elemento original", una cucharadita de "normalidad" y se "limpia un poco de clichés" puede que estemos ante un menú perfectamente comestible, según Emanuela Spinetta, consejera delegada de la española Grundy Producciones. Quien ha debido encontrar la fórmula mágica es la productora estadounidense Telemundo, que ha cocinado títulos tan exitosos como Amarte así, Frijolito y Pasión de Gavilanes. Esta última llegó a alcanzar en España una audiencia de más de tres millones de telespectadores en uno de sus capítulos. Este buen resultado se debe, en gran parte, a los guaperas en el reparto, ya que muchos jóvenes se han vuelto completamente locos por estos protagonistas ligeritos de ropa.

La adicción es tan grande que muchos telespectadores aprenden castellano por la televisión. Así al menos lo cree María de los Ángeles Álvarez Martínez, catedrática y académica correspondiente de la RAE, que asegura que "muchos alumnos extranjeros están más motivados a aprender español desde que siguen una telenovela". También está aumentando el interés por este idioma en los países de la Europa del Este, donde ya hay personas que chapurrean el español. De todo esto y de la salud del negocio se ha hablado en la Tercera Cumbre Mundial de la Telenovela, celebrada recientemente en Madrid. Sí señor, el culebrón también va a la moda y tiene su propia cumbre, como cualquier cosa que se precie hoy día, estaría bueno.

Los europeos se engancharon en el siglo XIX a los folletines de los periódicos, y pronto este subgénero de la novela cruzó el Atlántico. A finales del siglo XX regresó respaldado por un medio de comunicación potente y masivo: la televisión. Con alguna trasformación, igual o más cursi, y con títulos que ponen los pelos de punta hasta a los más ñoños, este género ha logrado de nuevo su sitio en el entretenimiento de la gente. España fue de los primeros países donde el culebrón aterrizó y, desde entonces, los españoles mantienen con él una tormentosa relación de amor-odio.

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