Yo le llamo mi Rey. Nadie me ha dado el permiso correspondiente, pero yo estoy enamorada en secreto. Más alto que los otros, camina mi Rey, camina ese hombre, al que yo veo siempre algo lejano de los mortales. Es una persona diferente a todas. Es –cómo diría yo– lo más parecido que hay a un rey, suponiendo que hubieran existido esas figuras del Poder que, si hemos de creer a nuestros historiadores, caminaron por el mundo durante siglos hasta extinguirse a finales del XXII. Camina mi adorado Rey tan erguido que no creo que haya reparado en mí, tan floja y absurda y tan enana. Un día por semana, entro en el Museo Kcic, donde trabaja de guía. Y voy a las salas donde mi enamorado reina. Y allí escucho cómo cuenta a los visitantes qué fue la cultura francesa....
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