Los ayatolás iraníes albergan un único deseo: una audiencia con Estados Unidos.
Ha hecho falta una guerra para admitirlo, pero Irak no es la llave para alcanzar los fines de EE UU en Oriente Medio. Ese honor le corresponde a Irán. Lograr la estabilidad en Bagdad y en Kabul, garantizar el tráfico del petróleo del golfo Pérsico, asegurar un acuerdo de paz entre palestinos e israelíes, salvar la democracia en Líbano o hacer que Siria coopere más son objetivos con mayores posibilidades de cumplirse si Teherán se sienta en la mesa [de negociaciones].
 |
Pero la política de Washington hacia la República Islámica continúa anquilosada. Se sigue tildando a los ayatolás de terroristas obsesionados con la bomba atómica y se les trata como parias internacionales que sólo entienden las amenazas y el aislamiento. Las referencias de la Casa Blanca a una Tercera Guerra Mundial ponen de manifiesto un error básico de EE UU: las armas políticas de Irán (la amenaza de un programa nuclear militar o sus conexiones con Hezbolá y Hamás) no son sus metas. Lo que ansía el régimen no es el suicidio atómico, sino un papel legítimo en la región, y está dispuesto a lograr esa influencia, con la bendición de Washington o sin ella. ...
Este artículo está disponible sólo para suscriptores a FP. Aquí tiene un resumen, para su referencia.
Suscríbase [0] para acceder a todos los artículos y disfrutar al completo de Foreign Policy en español.
Si usted es suscriptor de FP, le hemos enviado la información correspondiente a su Usuario y Contraseña. Si todavía no lo hubiera recibido, por favor, póngase en contacto con nosotros y se la facilitaremos inmediatamente: tel.: 91 154 82 83; suscripciones@fp-es.org