LA TORTURA DEL PRESENTE EGIPCIO
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LA TORTURA DEL PRESENTE EGIPCIO
01 de junio de 2005
Imarat Yacoubian
(El edificio Yacoubian)
Alaa Al Aswani
348 págs., Mirit lil-Nashr wa-al-Malumat, 2002, El Cairo (Egipto)
Niran Sadiqah (Fuego amigo)
Alaa Al Aswani
210 págs., Dar Mirit, 2004,
El Cairo (Egipto)
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Descubrí a Alaa Al Aswani mientras estuve recluido en prisión
acusado de mancillar la reputación de Egipto. A través de él
abandoné mi celda y me transporté a Imarat
Yacoubian, un microcosmos
de la sociedad egipcia sorprendente y ameno que desencadenó debates
tanto entre las élites urbanas como entre los lectores corrientes al
publicarse en 2002. Apenas la dirección de la Granja Penal de Tora dio
el visto bueno a la novela, se corrió la voz de lo buena que era entre
el personal de menor rango, que se apresuró a solicitarla en cuanto
la terminé. Mis compañeros reclusos del pabellón 6 fueron
los siguientes en pedirla. Los presos y los celadores se juntaban para hablar
sobre el libro hasta bien entrada la madrugada, olvidando por un instante su
condición de captores y cautivos. El Yacoubian (que existe) es un viejo
edificio residencial de varias plantas y estilo europeo en el centro de El
Cairo. Como narra Al Aswani, las vidas de sus habitantes reflejan los tumultuosos
acontecimientos del siglo pasado, desde la Segunda Guerra Mundial hasta la
primera guerra del Golfo y el aumento de la militancia islámica. Con
una prosa elegante, la novela toca distintas fibras sensibles en su repaso
a la corrupción y al fanatismo religioso, dos de las facetas más
terribles de la vida egipcia contemporánea. Por ejemplo, la ausencia
de justicia social se pone de manifiesto con el cuento de Taha, el hijo inteligente
y ambicioso del portero que aspira a convertirse en policía. El hecho
de que no le admitan en la academia por su origen le lleva a encontrar consuelo
en un grupo de apoyo de carácter religioso en el que todos sus miembros
son "iguales" ante Dios. Sin embargo, la que parece una asociación
apolítica no tarda en convertirse en una organización islámica
militante. Taha es detenido y torturado brutalmente, y, como suprema humillación,
es violado por un agente de seguridad. En un pasaje que reproduce la decisiva
transformación de Taha en una abominable máquina de matar, Al
Aswani escribe: "Se le oyó decir: ‘Si me hubieran detenido
en Israel, los israelíes no me hubieran hecho lo que me hicieron mis
compatriotas egipcios. He jurado a Dios que les encontraré y me vengaré de
ellos, uno a uno"....
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