LA CAÍDA DE BERLÍN
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15 de julio de 2009
El gran escéptico alemán repasa con desdén los 20 años de unificación.
Cuando un joven se acercó a Günter Grass en la estación central de Hamburgo una fría mañana de invierno de finales de 1989 y acusó al escritor vivo más famoso de Alemania de ser un “traidor a la patria” (Va terlandsverräter), no hizo más que expresar de forma ofensiva lo que era entonces un sentimiento común. El muro de Berlín había caído hacía sólo unas semanas, la reunificación del Este y el Oeste del país se percibía en el horizonte y el público estaba entusiasmado porque las corrientes de la historia por fin parecían virar a su favor. Grass, sin embargo, no sólo se abstuvo de participar en el júbilo nacional, sino que hizo todo lo posible por aguar la fiesta, sosteniendo en discursos y artículos que Alemania Oriental debía conservar su independencia durante un tiempo antes de correr a los brazos de los occidentales. Para muchos alemanes, aquella apelación a la cautela fue un acto de traición. ...
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