LA AMENAZA NUCLEAR, A RAYA
Ningún terrorista ha logrado detonar jamás un dispositivo nuclear. Hay que conseguir que siga siendo así.
Fue frío el otoño de 1998 en Rusia. El país acababa de declararse insolvente para pagar sus deudas y de devaluar el rublo, millones de ahorradores perdieron lo que tenían depositado en los bancos y éstos cerraron sus puertas. Además, la crisis económica había creado una sensación de incertidumbre sobre la seguridad nuclear. Erik Engling, que llevaba varios años trabajando en el problema del material físil suelto para el Departamento de Energía de EE UU en Washington, intentó visitar el mayor número posible de instalaciones rusas poseedoras de uranio....
Este artículo está disponible sólo para suscriptores a FP. Aquí tiene un resumen, para su referencia.
Suscríbase para acceder a todos los artículos y disfrutar al completo de Foreign Policy en español.
Si usted es suscriptor de FP, le hemos enviado la información correspondiente a su Usuario y Contraseña. Si todavía no lo hubiera recibido, por favor, póngase en contacto con nosotros y se la facilitaremos inmediatamente: tel.: 91 154 82 83; suscripciones@fp-es.org
Enviar un comentario nuevo