'ESTADOS FALLIDOS'

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'ESTADOS FALLIDOS'
01 de junio de 2006

Quizá la democracia esté en expansión, pero ¿es el mundo más estable? En el segundo Índice de Estados fallidos, FP y el Fondo por la Paz siguen la pista de los países al borde del derrumbe.



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Todo indica que 2005 debería haber sido propicio para muchos Estados frágiles y en vías de desarrollo. Varios países —incluidos algunos con escasa experiencia democrática, como Afganistán, Egipto, Irak y Kazajistán— celebraron elecciones. El número de conflictos armados serios siguió descendiendo en todo el mundo. Las naciones más ricas acordaron perdonar miles de millones de deuda a los países en desarrollo. Un vigoroso comercio mundial contribuyó a afianzar la posición de China como potencia exportadora. Y, sin embargo, unas tendencias que deberían haber contribuido al equilibrio han acabado con frecuencia en descalabros.

Hay pocas vías rápidas en el camino a la estabilidad. Las elecciones pueden dar voz a los desposeídos, pero no se traducen necesariamente en una capacidad real de gobierno. Los elevados precios del crudo o las materias primas pueden ayudar a llenar las arcas oficiales, pero no construyen unas instituciones sólidas. En cambio, otras medidas que no suelen ocupar grandes titulares —el nombramiento de jueces independientes, el desarrollo de un cuerpo de funcionarios competentes y la puesta en práctica de campañas contra la corrupción— son la clave para mejorar los cimientos de un país.

Por más que se hable de tecnología y globalización, el ejercicio del gobierno sigue siendo un reto muy complicado para muchos países. Las instituciones internacionales como Naciones Unidas, el Banco Mundial y el FMI pueden ayudar, pero la participación a gran escala de extranjeros en la construcción de un Estado es compleja y costosa. La ONU ha desarrollado con éxito operaciones de paz en Timor Oriental, Mozambique, Namibia y Liberia, que hace poco eligió a la primera mujer jefe de Estado de África. No obstante, la lucha que sigue manteniendo EE UU en Irak y, en menor medida, Afganistán, pone de relieve los riesgos de recurrir a la intervención armada para fomentar la estabilidad.

           
No hay atajos para lograr la estabilidad: las elecciones pueden dar voz a los desposeídos, pero no siempre se traducen en una capacidad real de gobierno
           

Casi todos los Estados se las arreglan por su cuenta, y los hay en todas las situaciones, desde los más sólidos y seguros hasta los más frágiles. Algunos —incluidos países tan grandes como Nigeria y Pakistán— siguen siendo muy vulnerables a los conflictos internos y a la desintegración social. Más numerosos aún son los que, como Egipto, Rusia y China, corren un riesgo importante de descomposición. Predecir con exactitud cuándo y cómo se producirá el próximo caso de Estado fallido es una tarea imposible. Sin embargo, los responsables políticos pueden comprender los puntos vulnerables que crean las condiciones para que un país se venga abajo.

Con el fin de mostrar una imagen más precisa del fenómeno de la inestabilidad estatal, la organización independiente Fondo por la Paz y Foreign Policy presentan el segundo Índice anual de Estados fallidos. Mediante 12 indicadores sociales, económicos, políticos y militares, hemos clasificado 148 Estados por su debilidad con los conflictos internos violentos y la disfunción social. En los cuadros figuran los 60 Estados más vulnerables (para una explicación completa de las 12 categorías, véase www.fp-es.org o www.fundforpeace.org).


 


Clasificaciones

Las columnas destacan los 12 indicadores políticos, económicos, militares y sociales de inestabilidad. Las puntaciones más altas (en negro) indican más inestabilidad; las puntuaciones más bajas (en blanco) indican menos inestabilidad.


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Las puntuaciones del Índice se basan en datos de más de 11.000 fuentes a disposición del público, recogidos entre julio y diciembre de 2005. El periodo utilizado hace que algunos hechos, como el giro de Irak hacia la violencia sectaria en febrero, no estén incluidos. Otros acontecimientos, como el gigantesco terremoto del mes de octubre en Pakistán, se produjeron en pleno proceso de análisis e influyeron considerablemente en los resultados. Como es inevitable, el Índice es más una larga instantánea que un análisis permanente. Por ese motivo, siempre que ha sido posible se han hecho comparaciones con las puntuaciones del año pasado; los resultados futuros permitirán ver tendencias más a largo plazo.

La categoría de Estado fallido se ha convertido en un elemento habitual del lenguaje estratégico y tiene muchas definiciones. A efectos de este Índice, un país que fracasa es aquel en el que el Gobierno no tiene el control real de su territorio, no está considerado como legítimo por una parte importante de la población, no ofrece seguridad interna o servicios públicos esenciales a sus ciudadanos y no tiene el monopolio del uso de la fuerza. Un Estado en vías de fracaso puede padecer violencia o simplemente ser propenso a ésta. En su gran mayoría, los países incluidos en la lista no son Estados que ya han fracasado. El Índice mide la vulnerabilidad ante los conflictos internos violentos y está integrado por naciones en peligro, pero no por países que ya se han desintegrado.

El año pasado hubo varios ejemplos de lo que se podría denominar bolsas de fracaso dentro de Estados que, por lo demás, eran sólidos y estables. En EE UU, el huracán Katrina puso al descubierto las grandes lagunas en la capacidad del país de hacer frente a las catástrofes. Los espectadores de todo el mundo contemplaron con asombro, en agosto y septiembre, cómo la superpotencia mundial dejaba a miles de ciudadanos atrapados durante días. Los síntomas de fracaso pueden aparecer en cualquier país de cualquier región del mundo, pero existen varias zonas en las que los Estados débiles se concentran. Igual que en el Índice pasado, África tiene el mayor número de países inestables. Este año, Sudán es el más vulnerable del mundo debido a sus malas puntuaciones en las áreas de injusticias colectivas y derechos humanos. Detrás y muy cerca, están la República Democrática del Congo y Costa de Marfil, cuyos gobiernos no controlan grandes zonas de su territorio. En África están 6 de los 10 Estados más frágiles y 11 de los 20 primeros.



Presión popular




El año pasado no fue favorable para varios gigantes en vías de desarrollo. No es raro que varios Estados de gran tamaño se enfrenten a graves retos producidos por el cambio demográfico, las amplias desigualdades económicas y las divisiones religiosas y étnicas. Pero también es importante la forma de reaccionar de los gobiernos.

Pakistán, con más de 160 millones de habitantes, perdió 13 puntos en el Índice. El terremoto de octubre de 2005, con epicentro en la Cachemira bajo administración paquistaní, desplazó a decenas de miles de personas y generó una crisis humanitaria que al Gobierno le costó mucho abordar. Pero lo que también empeoró su puntuación fueron las tensiones étnicas latentes y la incapacidad del Ejecutivo para mantener el orden en las zonas tribales próximas a la frontera afgana.

Sorprende más la caída de China en el ranking. Con su economía en plena expansión, son pocos los analistas que la clasificarían entre los Estados vulnerables, pero ha perdido 10 puntos respecto al Índice pasado. En este último año, China ha vivido más de 87.000 huelgas y protestas campesinas por las incautaciones de tierras, y sufre una gran corrupción y desempleo. Las ciudades han crecido de forma espectacular, y los que se han quedado atrás han padecido las consecuencias del desgaste de los servicios públicos y la acción de los promotores codiciosos. Los funcionarios del partido tienen que aplacar a las masas al tiempo que mantienen el motor económico a buen ritmo.

El Estado más poblado de África, Nigeria, también ha caído. A pesar de algunos pasos hacia la reforma económica y una mejora en materia de derechos humanos, las brechas regionales y religiosas del país lo mantienen al borde del precipicio. El Gobierno calcula que ha habido tres millones de desplazados desde 1999. Las tensiones han aumentado mucho en el delta del Níger, una zona rica en petróleo. Si se produjeran disturbios a gran escala, no sólo sufrirían los mercados mundiales de crudo, sino que podría desembocarse en una grave crisis humanitaria.

En 2005, algunos han salido ganando, sobre todo en el hemisferio occidental. Seguramente las políticas económicas de Hugo Chávez no benefician a la mayoría de los venezolanos, pero su demoledora retórica contra EE UU y los elevados precios del crudo le han ayudado a consolidar el poder y estabilizar el país, al menos a corto plazo. Guatemala y la República Dominicana también han mejorado respecto al año pasado. Y en los Balcanes, el tirón de la UE ha contribuido a acelerar la recuperación de Bosnia Herzegovina.


Pero las clasificaciones, además, demuestran que las generalizaciones regionales no sirven de nada, ni siquiera en el caso de países vecinos. La estabilidad de Zimbabue, que padece unas pésimas prácticas de gobierno y una corrupción endémica, ha descendido un 12%, mientras que, al lado, Suráfrica mantiene una posición mucho más sólida. Nigeria, pese a la riqueza de sus recursos, ha seguido descomponiéndose; en cambio, la vecina Ghana es uno de los Estados más prometedores de África occidental. Kenia ha mejorado pese a los escándalos de corrupción y una frontera porosa con Somalia. En el sureste asiático, Myanmar (Birmania) se ha tambaleado, pero la cercana Tailandia, aunque tenga problemas en sus provincias meridionales, sigue siendo uno de los países más estables de la región. En definitiva, lo que más cuenta no es la localización, sino la forma de gobernar.


 


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Pagar las consecuencias

El Índice muestra una firme correlación entre las puntuaciones sobre corrupción observadas por Transparencia Internacional (TI) y la inestabilidad de un Estado. Ocho de los diez países más estables figuran también entre los 10 menos corruptos. Chile —considerado el menos corrupto de Latinoamérica— es también el menos vulnerable de la región. Paraguay, con una amplia economía gris, es uno de los pocos Estados que reciben una puntuación terrible por parte de TI sin estar al borde del colapso.

 

 


¿Algo más?

Los detalles sobre la metodología empleada en el Índice de Estados fallidos de Foreign Policy/Fondo por la Paz están disponibles en www.ForeignPolicy.com y www.fundforpeace.org.

Si le interesa un análisis exhaustivo del concepto de Estado fracasado con ideas para evitar que se derrumben y métodos para reconstruir, leer When States Fail: Causes and Consequences (Princeton University Press, Princeton, 2004), editado por Robert Rotberg. Francis Fukuyama examina los errores cometidos por Estados Unidos en sus recientes proyectos de estabilización y reconstrucción en Nation-Building: Beyond Afghanistan and Iraq (Johns Hopkins University Press, Baltimore, 2006). James Gavrilis ofrece una descripción personal de la tarea de construcción nacional en Irak en El alcalde de Ar Rutbah ( FP EDICIÓN ESPAÑOLA, diciembre/enero 2006).

Durante el último año, el Gobierno de EE UU aprobó la Directiva Presidencial de Seguridad Nacional número 44, que destaca el peligro que representan los Estados débiles y propone una amplia variedad de medidas económicas, políticas y militares para hacer frente a su descomposición.
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