ENEMIGOS HABITUALES
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01 de octubre de 2006
Para las tres escuelas de pensamiento dominantes en EE UU, China y Rusia suponen
un mayor riesgo que Al Qaeda y la nebulosa de grupos yihadistas que la siguen.
La guerra fría proporcionó una explicación sencilla y a la vez omnicomprensiva del sistema internacional durante la segunda parte del siglo XX. Finalizada ésta siguieron unos años de indefinición bruscamente interrumpidos por el 11-S. Nace entonces otro paradigma de las relaciones internacionales: la guerra contra el terrorismo. El esquema es radicalmente novedoso porque el conflicto no es ya entre Estados, sino que enfrenta a una superpotencia y sus aliados con
actores no estatales como Al Qaeda y la nebulosa de grupos yihadistas que siguen sus directrices. Además, Washington considera que otras potencias militares como China y Rusia comparten con Estados Unidos una misma percepción de la amenaza frente a este nuevo enemigo común. Pero sólo cinco años después del 11-S se empieza a apreciar un cierto cansancio sobre la capacidad de este modelo para ofrecer una explicación convincente del actual sistema internacional. Comienzan a aparecer relatos alternativos. Tres de ellos resultan más significativos por proceder de representantes de las principales escuelas de pensamiento internacional: la realista, la neoconservadora y la liberal proglobalización.
El periodista y escritor estadounidense Robert Kaplan considera que los conflictos de Oriente Medio son una minucia en comparación con el pulso por el poder en el Pacífico entre EE UU y China que definirá el siglo XXI. La cuestión no radica en que Pekín tenga intenciones agresivas. Sin embargo, la emergencia de una nueva superpotencia crea un desequilibrio estratégico que aumenta el riesgo de una confrontación. Por ejemplo, el hecho de que el gigante asiático quiera dotarse de una flota de aguas profundas para controlar las vías de acceso de sus suministros de petróleo puede ser una aspiración perfectamente legítima. Pero la historia está llena de conflictos entre potencias que persiguen intereses lícitos. En consecuencia, si quiere evitarse el choque —y en opinión de Kaplan, Washington tendría el mayor interés en ello— debe restablecerse el equilibrio por los medios clásicos: una doctrina militar adecuada, nuevas alianzas y una política exterior realista....
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