Es célebre la atribución de Tucídides de la Guerra del Peloponeso al ascenso al poder de Atenas y al temor que eso creó en Esparta. Hace un siglo, el ascenso de Alemania y el miedo que creó en Gran Bretaña contribuyó a provocar la Primera Guerra Mundial. Ahora en algunos círculos ha pasado a convertirse en una creencia establecida el que el ascenso de China, y el temor que eso está creando en Estados Unidos —donde encuestas recientes muestran que el 60 % de la población cree que el país está en declive—, podría condenar el siglo XXI a un destino similar. En palabras del académico John Mearsheimer, el ascenso de China no puede ser pacífico.
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