EN DEFENSA DE FERGUSON Y SAM

Las conjeturas de Niall Ferguson y Sam Quiñones me parecen infinitamente más verosímiles que las de sus críticos. Muchas de las críticas francamente causaron mi asombro. Hablan de un país tan imaginario como los ciudadanos mexicas. Es casi una ezquizofrenia, tal desajuste entre la realidad y la idea de un México institucional, democrático y próspero. Así como la elefantina UNAM se imagina maravillosa fiada a su tamañote y enorme riqueza material, así creen algunos críticos que el tamaño de la economía nacional es prueba de eficiencia y funcionalidad. Ni siquiera se preguntan por qué las democracias auténticas no necesitan un IFE: ese engendro entregado a la casta académica nativa a cambio de su aquiescencia a legitimar la partidocracia y suplantar a los ciudadanos. La realidad no se aprehende con lecturas: cualquier turista que observara con suficiente cuidado las pasadas elecciones se daría cuenta que fueron un tianguis de votos: los ciudadanos imaginarios están vendiendo estrictamente sus votos a cambio de comida o dinero. ¿Y cómo se explicarán estos "buenos" mexicanos el perdón del peligroso violador ("ya la encargué") Marioo marín, gobernador de Puebla, por parte de la Tremenda Corte: acaso como una anomalía de su idea mendaz de México? Parecen dispuestos a disimular la verdad hasta las últimas consecuencias -exactamente como hizo el PRI durante casi un siglo con la cooperación de los académicos vernáculos. Parecen creer muchos del sur del Bravo -en imitación de los políticos failure- que su más alto deber es ser patrióticos y que a la Patria se la defiende hasta con la mentira sistemática. En gran parte por esta gravísima traición a la inteligencia y la verdad es también México una nación fallida, ¿ ono?

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