COMIENZO Y FINAL DE UNA MALA POLITICA

Hago las siguientes precisiones a las estimulantes respuestas de Rafael Rojas a mi artículo “Un pasado probable”:
1-En relación al conflicto por la negativa de las compañías petroleras estadounidenses y la británica Shell a refinar el petróleo comprado por el Estado cubano es conveniente aclarar su origen. Aportare más elementos que confirman que el choque con las petroleras fue inicialmente un clásico conflicto entre nacionalismo y hegemonía.
La pugna no comenzó por el refinamiento de petróleo soviético, sino cuando en la primavera de 1960, el estado cubano compró crudo directamente a una compañía norteamericana independiente en Venezuela a 2.10 dólares el barril. Tal operación le ahorraba millones de dólares por la diferencia de precios (las refinerías cobraban 2,80 por el crudo) y diversificaba las opciones cubanas frente al control hasta entonces monopólico de las tres transnacionales. Esa Venezuela no era comunista.
“Controla la energía y controlaras los países”- ha dicho Henry Kissinger. Las compañías refinadoras aplicaron a Cuba un boicot a la transportación para preservar sus exorbitantes ganancias por el comercio entre sus subsidiarias. Algo parecido ocurrió en Italia, donde el creador de la política energética, Enrico Mattei, contactó al sha de Irán y a la Unión Soviética para acceder directamente a productores de petróleo quitándose el monopolio intermediario de las siete hermanas. El conflicto en ambos casos se enmarcó literalmente en estados nacionales regateando frente a compañías multinacionales poderosísimas. En las discusiones entre los ejecutivos de las compañías con la Administración Eisenhower hay una preocupación reiterada porque no se les aplique la ley anti-trust por su coordinación de acciones contra el regateo del gobierno cubano.
El acuerdo con la Unión Soviética ocurrió cuando el gobierno cubano no pudo encontrar nadie, que transportara el crudo venezolano comprado fuera de las transnacionales. Las posiciones ante estos hechos de los nacionalistas venezolanos son ilustrativas. Acorde a los informes de la CIA y el departamento de Estado, el canciller Arcaya entendió como lógica la reacción cubana ante el arrinconamiento por las petroleras. Cuando Estados Unidos busco solidaridad contra Cuba y habló del efecto negativo que la compra cubana de petróleo soviético tendría sobre Venezuela, el ministro de energía Juan Pablo Pérez Alfonso, quien fundaría la OPEC, afirmó que el tema no era sustancial para Venezuela pues esta encontraría a quien vender.
La compra de petróleo soviético era legal en el marco de la ley de minas de 1938. La recomendación del embajador Bonsal sobre llevar el caso a los tribunales cubanos demuestra que- como dice Rojas- había sectores de la diplomacia estadounidense interesados en evitar la ruptura. Su fracaso demuestra que los mismos no convencieron al Presidente Eisenhower de que la mejor forma de luchar contra el comunismo, era apoyando las aspiraciones legitimas del nacionalismo cubano, contraponiendo un nacionalismo democrático al nacionalismo totalitario.
2- Ponderar la excepcionalidad cubana- como pide Rojas- ayuda a entender la nacionalización de las refinerías. Cuba era excepcional en el contexto de las relaciones de Estados Unidos con América Latina en dos dimensiones: 1) por la intimidad entre Estados Unidos y la isla, que incluía un mayor nivel de intervención que en otros países de la región. 2) El colapso de la segunda republica, las torpezas de los embajadores Gardner y Smith y la revolución incubaron un nacionalismo cubano muy radical.
El neutralismo activo, distante de la solidaridad automática con Estados Unidos, no era exclusivo de Fidel Castro. David Salvador, quien después pasó dos décadas encarcelado por los comunistas, le quito el micrófono en La Habana a Don Pepe Figueres, en Abril de 1959, para rechazar su llamado a un alineamiento con Estados Unidos contra la Union Sovietica. Cuba no era Guatemala, pero tampoco Costa Rica.
3-Las referencias de Rojas al Kennedy candidato son pertinentes pues dilucidan las razones de los cambios en la política de Eisenhower hacia el nacionalismo latinoamericano y su respaldo a la dictadura de Batista. El 22 de septiembre de 1960, Kennedy dijo en Sioux City, Iowa, “El gobierno está proponiendo medidas para socorrer a América Latina. Ello se debe a las dificultades que tiene con Castro”. Sobre la política de Eisenhower hacia Batista, Kennedy dijo en Cincinatti el 6 de Octubre: “Voceros de la Administración elogiaban a Batista, lo exaltaban como un aliado confiable y un buen amigo, en momentos en que Batista asesinaba a miles de ciudadanos, destruía los últimos vestigios de libertad y robaba cientos de millones de dólares al pueblo cubano”.
4- Concebir el diferendo entre Cuba y Estados Unidos como causado por la estatalización de la economía cubana y el establecimiento del régimen de partido único confunde dos temas interrelacionados pero diferentes. La democracia y el régimen económico de Cuba son temas a resolver entre el gobierno y la sociedad cubana. Estados Unidos tiene derecho a contribuir en esa cuestión con su ejemplo y a través de acciones coherentes con el derecho internacional.
Nunca he escrito que el conflicto Estados Unidos con el gobierno revolucionario comenzara en enero de 1959. Aunque hay un documento de Junio de 1960 de Rubottom que dice que la decisión de reemplazar a Castro se había tomado un año antes (Es decir, junio de 1959), he argumentado que la política de cambio de régimen fue adoptada como uno de los cursos más probables en noviembre de 1959 (Reporte del embajador británico en Washington sobre su conversación con Allen Dulles) y como el curso central en Marzo de 1960.
En ambos momentos, el régimen político cubano, que no se reduce a Fidel Castro, no era comunista. Los discursos del canciller Raúl Roa en la OEA reflejan un marcado interés en mostrar equidistancia de la URSS y Estados Unidos y la CIA definía a Castro como nacionalista radical. Las embajadas occidentales en La Habana, como la canadiense, la británica y hasta la norteamericana, mencionan la penetración comunista pero también el rechazo de esa ideología por sectores mayoritarios de las bases revolucionarias y un número significativo de sus líderes. Según la embajada canadiense es después de su victoria en Playa Girón que Castro impuso la agenda comunista a las bases revolucionarias.
La mayor prueba de que el diferendo no tuvo su origen en el régimen de partido único es que cuando Arthur Schlesinger propuso a Kennedy focalizar la presión en la realización de elecciones libres, el secretario de Estado adjunto Thomas Mann rechazo la idea pues Castro podía ganarlas. La democracia es un proceso, no un resultado. Abogar por elecciones libres es una política de derechos humanos, determinar quienes componen el gobierno de otros países es una imposición hegemónica.
5-El comunismo cubano no es equivalente a las nuevas izquierdas latinoamericanas pero estas últimas exigen un multilateralismo en el que sus opiniones sean consultadas por la superpotencia hemisférica para la gobernabilidad regional. La administración Obama debe entender antes de la V cumbre de las Américas en Trinidad que Cuba es un caso test que señalizará su receptividad ante la izquierda y el nacionalismo latinoamericano. La historia demuestra que el mejor antídoto contra el nacionalismo autoritario no es la coacción hegemónica sino coordinar esfuerzos con los nacionalismos democráticos.
Desde la necesidad de crear contextos favorables a la liberalización económica y política de Cuba y una relación estable y cordial entre Estados Unidos y América Latina, el embargo debe terminar.

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