probable no, plausible

Sólo algunas reacciones puntuales a la interesante réplica de Arturo López Levy:

1. Creo que cuando hablé de pasado virtual lo hice más pensando en una trama plausible o "alternativa", que es como Ferguson y Hawthorn entienden la historia contrafactual, que en posibilidades o probabilidades del pasado.

2. Cuando me referí a Kennedy tenía en mente varios discursos de su campaña, en 1960, en los que, en medio del lenguaje anticomunista, habló de la necesidad de reforzar el entendimiento con las democracias latinoamericanas. No me refería al Kennedy presidente, sino al Kennedy candidato.

3. Creo que la historia de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina en la guerra fría no se puede reducir al respaldo de Washington a las dictaduras militares, que en efecto se produjo. La relación no sólo con el México de Cárdenas, sino con el de Alemán o López Mateos, ya en plena guerra fría, o con los nacionalismos democráticos anticomunistas, que fueron varios en la región, nos habla de otro tejido diplomático, que no debe obviarse a la hora de armar una historia más compleja de la política latinoamericana de Estados Unidos en los años 50.

4. Habría que ponderar aún más el rango excepcional que Cuba, al igual que México o Puerto Rico, tenía -y tiene- dentro de la política exterior de Estados Unidos. Reitero el tópico: Cuba no era Guatemala.

5. La historia de las relaciones entre Estados Unidos y la Revolución está en proceso de reescritura. La tesis de que "Estados Unidos evitó a toda costa el triunfo de la revolución" es muy cuestionable. La lectura de los despachos consulares norteamericanos en la Habana y Santiago de Cuba, entre 1957 y 1958, es suficiente para desestabilizar esa tesis ¿No es posible que una política tan compleja como la norteamericana estuviera contemplando varios escenarios a la vez?

6. El primer momento en que el derrocamiento del régimen cubano es considerado como política de Estado, a partir de una resolución del Consejo de Seguridad Nacional, es marzo de 1960, como reacción al acuerdo entre Moscú y la Habana de febrero de ese año.

7. El conflicto por la demanda cubana de procesamiento de crudo soviético a las refinerías norteamericanas no formó parte de una estrategia nacionalista sino, ya, de una alianza comercial de la Revolución con el campo socialista y China, ligada a la decisión de postergar indefinidamente las eleciones, concentrar el poder, ilegalizar a la oposición, en suma, "transitar al socialismo", como bien decían los marxistas cubanos hace apenas quince años. Ya para entonces estaban firmados los principales convenios con los países del bloque soviético, que contemplaban créditos e inversiones por cinco años.

8. Desde el punto de vista historiográfico, creo que la mayor limitación de la bibliografía con que contamos es, precisamente, que ha dejado a un lado la historia diplomática y se ha concentrado en el estudio de los planes de la CIA y en la retórica de los principales líderes norteamericanos.

9. Otra gran limitación de la historiografía que cita López Levy, y que, en efecto, es la que más ha avanzado en el tema, es que pocas veces considera al gobierno revolucionario como un actor del conflicto entre Estados Unidos y Cuba.

10. Por último, cuando me he referido a la Cuba soviética, en este y otros artículos, he querido significar un período histórico, el de la alianza entre la Habana y Moscú, que va de 1961 a 1992, y no trasmitir la idea de que el socialismo cubano fue "idéntico" al de la URSS. Coincido con Rafael Hernández en que la mayor sovietización institucional de la isla se produjo entre 1971 y 1986, pero el vínculo primordial, desde el punto de vista ideológico, político, económico y militar, entre ambos países, comenzó antes y terminó después.

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