CHOQUE DE INTOLERANCIAS
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01 de abril de 2006
Hay que superar la idea de que los otros no tienen nada que decir sobre Occidente.
Cualquiera que lea y observe los medios de comunicación europeos y estadounidenses desde el 11-S pensará que los musulmanes han desatado una yihad contra Occidente y que furiosas turbas esperan a las puertas de la cultura occidental para aniquilarla. Esta cruzada y la de Europa y Estados Unidos contra el islam tienen ahora una audiencia de miles de millones de espectadores en todo el mundo. Al analizar la situación desde esta perspectiva, la teoría del choque
de civilizaciones de Samuel Huntington podría convertirse en una profecía acertada. Dicho esto, el problema principal no es sólo que los musulmanes sean representados como gente violenta cuyas creencias y comportamientos son incompatibles con el mundo laico moderno. El meollo de la cuestión no es si los musulmanes tienen o no razón en casos como la polémica sobre las caricaturas danesas de Mahoma, o Los versos satánicos, de Salman Rushdie, sino si hay una forma de escapar del choque entre quienes piden libertad de expresión en Occidente y otros que exigen respeto por la religión en el ámbito islámico.
Nos guste o no, vivimos en un planeta global, en el que las tensiones pueden inflamarse de forma instantánea mediante la transmisión de información de un contexto cultural a otro. Esta nueva situación complica aún más la búsqueda de un equilibrio entre democracia y diversidad cultural. El eje central de este debate es tan simple como difícil. ¿Qué es más importante para el avance de la democracia: asegurar la libertad de expresión para todos los ciudadanos dentro de los límites marcados por la ley o proteger los intereses colectivos de las tradiciones culturales o religiosas? Es un hecho que no todos los musulmanes son enemigos de la libertad de expresión, igual que no todos los habitantes del mundo laico moderno desprecian la diversidad cultural y carecen de respeto por las tradiciones religiosas. ...
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