BAJO EL VELO SAUDÍ

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BAJO EL VELO SAUDÍ

En Arabia Saudí, el reino de las sombras y uno de los Estados más represivos del mundo, las mujeres no tienen derecho ni siquiera a la palabra pública. Pero, poco a poco, están empezando a romper tabúes y a encontrar una voz.



Existe alguna relación entre Sexo en Nueva York y Arabia Saudí? En apariencia, no. En el imaginario colectivo, Arabia Saudí es el reino de las sombras¸ por las largas túnicas negras (abayas) que las mujeres están obligadas a llevar y que las cubren de la cabeza a los pies. Y si hubiera un Estado en el que ellas carecieran de derechos, incluso el de la palabra, ése sería sin duda Arabia Saudí. Ahora bien, significaría olvidar demasiado pronto el éxito de un librito, Las chicas de Riad, prohibido por las autoridades saudíes hasta marzo pasado. Su autora, una chica de 25 años, Rajaa al Sanie, cuenta el día a día de cuatro jóvenes, asfixiadas por el peso de las tradiciones que les imponen sus familias. En él se rompen todos los tabúes: el lujo, el alcohol, la homosexualidad, referencias a la serie de Sarah Jessica Parker… Y Riad adquiere un aire neoyorquino.

El libro de Al Sanie es un éxito editorial y refleja cierta apertura por parte de la sociedad saudí. Pero las mujeres no han esperado a las desventuras de Las chicas de Riad para coger la pluma, denunciar las violaciones de las que son víctimas y exigir sus derechos. Desde hace unos años, en la prensa se multiplican las columnas en las que ellas se interrogan sobre su lugar en la sociedad.

"Está marginada y considerada menos que nada, hasta el punto de que le está estrictamente prohibida la entrada a numerosos lugares públicos […]. Vive a la sombra de una sociedad machista que otorga al hombre el derecho a inmiscuirse en sus asuntos. A los 60 años, sus hermanos más pequeños tienen derecho a darle órdenes y a organizar su vida. Jamás aparece en las estadísticas económicas: la sociedad se niega a reconocer el paro femenino, puesto que no se le pide que trabaje. Está ausente de las conferencias. Ignorada en los textos, las publicaciones, los folletos editados por nuestras instituciones educativas…". La académica Nura al Yusef no duda en definir en estos términos la "especificidad de la mujer saudí" en el diario El Watan. Sin embargo, las autoridades organizaron, en junio de 2004, un Diálogo Nacional —especie de mesa redonda en la que se discuten los grandes desafíos a los que se enfrenta el reino— dedicado a los derechos y obligaciones de las mujeres. El poder anuncia cambios, pero las decepciones son grandes. Todavía está viva en el recuerdo la imagen tumefacta de Rania al Baz, la presentadora más famosa de la televisión, golpeada por su marido el 4 de abril de 2004. Un año después, cuando el reino celebró las primeras elecciones municipales de su historia (en las que tenía derecho a votar "todo ciudadano" mayor de 21 años sin distinción de sexo), las mujeres no fueron convocadas. Oficialmente, por razones logísticas. El presidente de la Comisión Gene-ral de las Elecciones, el príncipe Mansur bin Mitab bin Abdelaziz, explicó que se tendría que haber establecido un doble sistema de cabinas de voto y contratar a mujeres al frente de mesas para respetar la estricta división de sexos que reina en el país.

Las opiniones están divididas: para unos, la sociedad todavía no está preparada; para otros, la exclusión de las mujeres es la prueba de su confinamiento político y social. Citado por el diario en lengua inglesa Arab News, Abdelaziz ibn Abdelrahman al Thunayan, miembro del Maylis al Shura (Consejo Consultivo), considera que no existe tal problema, pues "si se les preguntara su opinión, las mujeres dirían que no quieren participar" en los comicios. "Ellas están representadas por los hombres, que son sus siervos", concluye. Dicho en otras palabras: las mujeres no ramtienen necesidad de votar porque sus tutores (mahram en árabe: padre, hermano o marido) lo hacen en su lugar. Todo lo contrario, sostienen otros, son ciudadanas de pleno derecho. Además, no hay que olvidar que, debido a la división de sexos, todo es doble en Arabia Saudí: en la Administración, en los hospitales, en las universidades hay unas secciones para los hombres y otras reservadas a las mujeres. Y no plantea ningún problema "logístico".

La ausencia de las mujeres en las elecciones parece ir más allá de la simple privación de derechos cívicos, pues cuestiona también uno de los fundamentos principales de aquella sociedad: la obligación de la mujer de no desvelar su identidad en público. Imaginemos que las mujeres se hubieran podido presentar a los comicios, se pregunta el cronista saudí Raid Qusti en el diario Arab News, "¿cómo habrían hecho la campaña sin mostrar su cara y, en el caso de algunas, sin dar a conocer su nombre?". La periodista Lubna Husein no duda en utilizar el humor y la ironía para interrogarse sobre esa separación: "¿Está prohibido que las mujeres se pongan vaqueros? ¿Por qué los hombres se lo censuran?", se pregunta en Arab News. Y concluye: "¡El día en que los hombres dejen de llevar vestidos [en referencia al thob, la tradicional túnica blanca del país] yo empezaré a ponérmelos!".

Separación de sexos: cola en un establecimiento de McDonald's en un centro comercial de la capital saudí en diciembre pasado. Las familias, en el lado izquierdo. El derecho está reservado a los hombres.
Separación de sexos: cola en un establecimiento de McDonald's en un centro comercial de la capital saudí en diciembre pasado. Las familias, en el lado izquierdo. El derecho está reservado a los hombres.

Y eso que en el reino el sexo femenino no es precisamente una minoría. En efecto, de los 16,3 millones de ciudadanos, cerca de ocho millones son mujeres. Y ambiciosas. El índice de alfabetización femenino supera el 80%; las saudíes obtienen la mayoría de los 200.000 diplomas anuales y están entre los mejores alumnos. Una vez diplomadas, piensan ejercer su profesión, sobre todo en la enseñanza, la medicina y las finanzas, y para ello se muestran dispuestas a posponer la creación de una familia. Cada vez se casan más tarde (a los 22 años de media), recurren a medios anticonceptivos (el índice de fecundidad ha caído de 8,26 niños por mujer en 1980 a 4,37 en 2000). Aumenta el número de solteras. Y cada vez son más los matrimonios que terminan en divorcio. En 2002, los tribunales registraron 70.000 contratos matrimoniales y 13.000 divorcios, de los cuales 8.500 matrimonios y 3.000 divorcios se celebraron en Riad, según el diario financiero Al Iqtisadiyá.

Las mujeres ejercen una influencia económica nada despreciable pues, como recuerda el ministro saudí de Comercio, Hachem bin Abdalá al Yamani, poseerían el 70% del total de ahorro depositado en los bancos saudíes, es decir, cerca de 12.400 millones de euros. Lubna bin Suleyman al Oleyan, presidenta de Al Oleyan Finance Company y miembro del Consejo de Administración del Saudi British Bank, es una de las personalidades económicas más influyentes. Otro ejemplo es Haifa al Mansur, primera cineasta del país y autora de cuatro cortometrajes que tratan temas sociales hasta ahora tabú. Ana ual Ajar (Yo y el otro) es una reflexión sobre las diferencias y cómo respetarlas. Su último filme, Mujeres sin sombra, pretende "despertar las conciencias y animar a las mujeres a que actúen y cambien algunas cosas", dice. Un paso importante en ese sentido fue la elección, en noviembre pasado, de dos mujeres para el consejo de administración de la Cámara de Comercio e Industria de Yeda.

Realidades: de izquierda a derecha y en el sentido de las agujas del reloj, la millonaria y empresaria saudí Lubna al Oleyan; una mujer compra regalos de San Valentín en Yeda, y trabajadoras del Franci-Saudi Bank.
Realidades: de izquierda a derecha y en el sentido de las agujas del reloj, la millonaria y empresaria saudí Lubna al Oleyan; una mujer compra regalos de San Valentín en Yeda, y trabajadoras del Franci-Saudi Bank.

No hay que olvidar la presión regional que sufre el Gobierno saudí, que confirmó el pasado 9 de mayo que las mujeres sustituirán a los hombres como vendedores en las tiendas de lencería. Kuwait ha sido un símbolo importante: el 4 de abril, las kuwaitíes votaron por primera vez en unas elecciones municipales parciales en un distrito de la capital. Dos se presentaban como candidatas: una de ellas, Jenan Buchehri, quedó en segundo lugar. Su Constitución reconoce oficialmente la igualdad jurídica entre ambos sexos; en mayo de 2005, el Parlamento reconoció a las mujeres el derecho al voto y a ser elegidas. El 20 de junio, Masuma al Mubarak juraba como ministra de Planificación y Desarrollo Administrativo y se convertía en la primera mujer de la historia del emirato en acceder a una cartera ministerial. Omán reconoció el derecho al voto en 1997, y de los 60 miembros de la Asamblea Consultiva del sultanato, cuatro son mujeres. El emir de Qatar, Hamad bin Jalifa al Thani, nombró por primera vez a una ministra en mayo de 2003, y su esposa y directora de la Qatar Foundation, Moza al Misnad, representa la voluntad del emirato de abrir el espacio público a las mujeres, quienes obtuvieron el derecho al voto en 1999. En Bahrein, donde hay dos ministras, tienen derecho a votar y a presentarse a las elecciones desde mayo de 2004.

"El problema", señala la escritora Suraya al Shehry, "es que los hombres consideran a las mujeres como simples esposas, un objeto que ellos poseen", un objeto privado y sagrado que deben "guardar y proteger", y no las reconocen como sujetos públicos, susceptibles de ejercer sus derechos políticos. El estatus de las mujeres choca con el peso de las tradiciones impuestas en el reino, así como con una concepción patriarcal del islam. Las saudíes son más "víctimas de una traba cultural que musulmana", denuncia la escritora Badriyah al Bishr. Pero para que pueda evolucionar la situación femenina en la esfera pública es necesario llevar a cabo una reflexión sobre la relación entre sexos en la vida privada. En opinión de las saudíes, reclamar sus derechos no viola los preceptos del islam, sino todo lo contrario: el islam puede ser un vector de igualdad con los hombres y de afirmación de su identidad en tanto que sujeto y no sólo como esposa y madre objeto. Las mujeres ya no aceptan seguir siendo ese tesoro oculto en el ámbito privado y quieren ser protagonistas en la esfera pública, insertarse en la vida socioeconómica de su país.

"¿Por qué hay tantas barreras?", se interroga Nadia Bajury, una ejecutiva, la única que presentó su candidatura a las elecciones del año pasado antes de verse obligada a retirarla. "Las mujeres pueden representarse a sí mismas", afirma. "Hay que demostrar lo que son capaces de hacer por la sociedad". Suraya al Sherhy tiene un punto de vista moderado y denuncia los peligros de posiciones demasiado radicales (ya sean ultraconservadoras o ultraliberales). En su opinión, es necesario esperar una decisión del Gobierno, pues las posturas radicales pondrían "en peligro los intereses nacionales". "La ley no prohíbe que las mujeres voten", dice en Arab News, "y el derecho de voto es el más básico", antes de concluir que hay que armarse de "sentido común y flexibilidad", cualidades necesarias "para lograr que las cosas avancen".

En un contexto de creciente crisis económica y social, no es improbable que las presiones para que evolucione el estatus de las mujeres procedan de los propios hombres. No todos los saudíes son ricos príncipes del petróleo que viven en lujosos palacios. Un marido y padre de familia modesto no posee los medios necesarios para pagar un chófer para su esposa y sus hijos, y en general no tiene un trabajo con un horario flexible que le permita hacer de conductor. Cada vez son más los que denuncian lo absurdo que es impedir que las mujeres se pongan al volante. Por otra parte, no está excluido que los empresarios locales y extranjeros, sometidos a una política de nacionalización de la mano de obra, estén interesados en que haya trabajadoras cualificadas. Es posible, pues, que, a su pesar, los hombres pidan cambios sociales sobre el estatus femenino.

Si bien las exigencias de reformas parecen ser patrimonio de las súbditas influyentes del reino, debe subrayarse que el debate está abierto en la prensa nacional y que la población femenina espera mucho de los cambios prometidos. A menos que esa toma de conciencia y esa libertad de palabra no sean sino un montaje publicitario de las autoridades. En Arabia Saudí, deben desempeñar, más que en ningún otro lugar, un papel fundamental en las transformaciones del futuro. El editorialista Ahmed al Rubi lo resumía así en el diario Al Sharq al Ausat, con motivo del Día de la Mujer, el 8 de marzo de 2005: "La mujer es el baremo de los progresos y de la evolución de una nación. El mayor insulto que se le puede hacer es considerarla como un simple cuerpo que hay que encerrar entre cuatro paredes. Una nación que las oprime no conocerá la redención".


¿Algo más?

Informarse de lo que pasa en Arabia Saudí no resulta fácil. Poco estudiado, este reino es, para muchos, un misterio que suele resumirse en pocas palabras: petroleo e islamismo. Son escasos los ensayos de calidad como Arabia Saudí. El reino de las ficciones (Ed. Bellaterra, Barcelona, 2004), de Pascal Ménoret, básico para entender la estructura del poder y de la sociedad del mayor productor de crudo del mundo. Para una introducción general es fundamental A History of Saudi Arabia (Cambridge University Press, Reino Unido, 2002), de la saudí Madawi al Rasheed. Otro título recomendable es The History of Saudi Arabia (Saqi Books, Londres, 1998), de Alexei Vassiliev. Y Ronald Inglehart y Pippa Norris descubren lo que realmente separa a Occidente y el mundo árabe: las actitudes ante el sexo, en 'El verdadero choque de civilizaciones' ( FP EDICIÓN ESPAÑOLA, agosto/septiembre de 2004).

Para una comprensión más directa de los desafíos a los que se enfrentan las autoridades del reino, pueden consultarse los informes de International Crisis Group (www.crisisgroup.org). También en la Red se pueden ver las películas de la cineasta saudí Haifa al Mansur (www.haifaa.com/Films.html). Además, la investigadora francesa Fatiha Dazi-Héni acaba de publicar Monarchies et sociétés d'Arabie, le temps des confrontations (Presses de Sc. Po., París, 2006). Sin olvidar la literatura: Femmes de sable et de myrrhe (Actes Sud, Arles, 1992), de Hanan el Cheikh; El cinturón (Losada, Madrid, 2003), de Ahmed Abodehman, y Le mercredi soir. Femmes de Riyad (L'Harmattan, París, 2001), de Badriyah al Bishr. ...

 


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